Purmamarca, donde los cerros se convierten en arcoíris

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El color se abre paso entre la aridez del paisaje
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Las calles se van elevando para poder quedar enlazadas con la montaña

A escasos kilómetros de la localidad argentina de Tilcara se encuentra el encantador pueblo de Purmamarca. Sus pequeñas casas de adobe levantadas alrededor de su plaza, que es su centro neurálgico, dibujan la identidad de un pueblo indígena y colonial. A poco más de 2.000 metros de altitud sus callecitas con suelo de tierra se recorren enseguida pero, al mismo tiempo, se requiere paso tranquilo para dejarse llevar por el ambiente local. Mi hija Sandra y sus amigas no quisieron perderse la belleza de este rincón cuyo nombre significa en lengua aimara pueblo de la tierra virgen y en quechua pueblo del puma.

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Purmamarca, un pequeño pueblo a 2.000 metros de altura
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Los colores de la artesanía local en el centro neurálgico de la población

A pesar de la idiosincrasia de sus vecinos, acostumbrados a la calma y tranquilidad y a ver pasar las horas sin prisas, así como a disfrutar de lo que la Pachamama les ofrece, al mismo tiempo aprovechan la llegada de los turistas que en grupo descienden de los colectivos para mostrarles sus trabajos artesanales. Es en esta plaza donde se alza la iglesia de Santa Rosa, donde los tejidos de hilo y lana de alpaca o llama, jerséis, faldas o alfombras, la cerámica o los instrumentos de música se exponen en los coloridos tenderetes y puestos de su tradicional mercado.

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Dos fotografías del mercado local artesano

Todos estos objetos que tanto nos llaman la atención son el fruto de horas y horas de trabajo ejecutado con la mano y la mente llenas de sabiduría. Algunos, incluso, llegados desde la cercana Bolivia. Y cómo perderse sus platos típicos a base de carne de llama, o sus empanadas criollas o su mate.

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Las calles enmarcan pequeñas construcciones
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Los cerros muestran la amplia gama de colores

Paseo de los Colorados

Si encantadoras son las calles con casas de adobe y huertas de este pueblito de la provincia norteña de Jujuy, tal y como lo sintió y me explicó mi hija Sandra, aún lo es más por la grandiosidad y la belleza natural de un paisaje que aporta un entorno cincelado por las montañas que lo acogen. A escasa distancia de las últimas edificaciones de adobe y tras subir una cuesta que enlaza al visitante con el Paseo de los Colorados, el caminante se da de bruces con las cercanas laderas que, talladas por el viento, muestran un arcoíris de colores.

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Casas de adobe

Este sendero de unos tres kilómetros que bordea el pequeño pueblo muestra a sus espaldas el hermoso Cerro de los 7 Colores, uno de tantos que bordea la Quebrada de Purmamarca. El cerro recibe su nombre dada la peculiar gama de colores que se reflejan, especialmente, con los primeros rayos del sol. Sus tonos, que varían desde el naranja al violeta pasando por ocres y terracotas, deslumbran a quien tiene el privilegio de acercarse a esta zona tranquila y acogedora.

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Detalle del Paseo de los Colorados

Dice la leyenda que fueron los niños del pueblo quienes con pinturas decidieron un día dar colorido a los cerros de su entorno, que consideraban aburridos. Sin embargo, ese abanico de colores que muestran sus vetas en zigzag se debe a la gran variedad de pigmentos adquiridos por los miles de minerales que forman las capas sedimentarias. Sus distintas capas de colores son el resultado de sedimentos marinos, lacustres y fluviales que desde hace millones de años se fueron depositando en la zona y que luego, por movimientos tectónicos, adquirieron la ubicación actual. Dicen que este es uno de los lugares naturales más bellos de Argentina. Desde luego, según Sandra, mereció la pena acercarse a esta encantadora localidad de casitas de adobe enmarcada en colores donde la tierra, la montaña, el desierto y los cactus conforman un magnífico escenario natural de gran belleza.

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Cerro de los 7 Colores

Gentes de su tierra

A medida que iban pasando los días y acumulando kilómetros mi hija, yo iba poco a poco adaptándome a esa lejanía. Necesitaba, eso sí, tener un contacto más o menos continuo con la viajera y saber de sus pasos, pero a la vez comprendía que ese viaje, y los que luego vendrían, iban a aportarle conocimiento, experiencia y una visión más abierta del mundo y sus gentes. Gentes como las de Purmamarca, con raíces en asentamientos prehispánicos pero con influencias también de sus posteriores pobladores.

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El entorno de Purmamarca es de una gran belleza

Construida en 1648, Purmamarca aún conserva edificaciones del siglo XVII. Sus tradiciones están muy arraigadas, destacando la misa-chico, el culto a la Pachamama, la Madre Tierra o a los difuntos. Así, uno de los puntos de visita obligados, es su colorido cementerio donde se pueden apreciar las originales construcciones que honran a sus difuntos. Está junto al Paseo de los Colorados.

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Cementerio de la localidad

Decir adiós a Purmamarca es hacerlo con cierta nostalgia, pero toca volver a Tilcara para permanecer aún dos días más y aprovechar al máximo la hospitalidad de esta tierra dura pero bella. Después hay que seguir camino hacia el norte en dirección al próximo destino, Bolivia.

Fotos de Sandra Romero

 

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La aridez y belleza del noroeste argentino

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La aridez forma parte de la belleza del paisaje
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Los cactus dibujan el contorno de la región

Cuando vi por primer vez algunas imágenes de la provincia de Jujuy, en el extremo noroeste de la República de Argentina, me quedé impresionada por la belleza del paisaje: árido, agreste, montañoso y sin apenas vegetación. De una gran dureza, pero sin embargo encantador. Sus condiciones geográficas le hacen muy especial. Allí llegó hace prácticamente un año mi hija. La población en la que se quedó unos días, Tilcara, en pleno corazón de la Quebrada de Humahuaca, tiene un encanto especial y así me lo trasladó Sandra.

Anteriormente, había hecho escala en la ciudad de Salta donde había llegado después de más de 1.450 kilómetros de carretera y 24 horas de autobús. Sí, se dice pronto, pero Argentina es un país muy grande con distancias enormes. Sandra nos comentó que el viaje no había sido tan pesado como había esperado.

Nos pusieron muchas películas y la mitad del viaje fui durmiendo. No se me hizo tan largo -aseguró.

He de recordar que los autobuses en Argentina tienen fama, y así lo fueron comprobando las viajeras, de ser bastante cómodos pues disponen de butacas-cama, además de que en ellos te ofrecen comida, cena y desayuno. Bueno, la cuestión es que Sandra y su amiga Anya se habían recorrido un montón de kilómetros desde que salieron de Iguazú. La zona de selva misionera que habían dejado en el noreste del país, contrastaba con el paisaje del entorno de la ciudad de Salta, ubicada a 1.200 metros sobre el nivel del mar.

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Detalle del hostel en Salta

Salta, la muy hermosa

Nada más llegar, las viajeras buscaron un hostel donde pernoctar un par de días. Allí aprovecharon para recorrer y conocer esta ciudad, cuyo nombre, según dicen, significa la muy hermosa en quechua. Sin embargo la etimología de la palabra Salta es objeto de otras interpretaciones como que el nombre estaría relacionado con la tribu Sahta, que habitaba el valle cuando llegaron los españoles.

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Catedral de Salta, en la plaza 9 de Julio

Al pie de las altas serranías que encierran el valle de Lerma se encuentra Salta, en la provincia del mismo nombre, en el extremo noroeste de la República Argentina, que limita con tres países: Chile, Bolivia y Paraguay. Es una provincia que ofrece grandes contrastes: desde la aridez del desierto al verde más exuberante de la selva tropical en la zona este, pasando por quebradas y valles en el centro. El imperio incaico ocupó estas tierras desde el siglo XII, procedente del lago Titicaca y en su apogeo (siglo XV) se extendió por los Andes. Su dominio se derrumbó con la llegada de los españoles a principios del siglo XVI.

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Cabildo, en pleno casco histórico de Salta

La ciudad de Salta fue fundada en 1582 por el español Hernando de Lerma aunque con el nombre de Ciudad de San Felipe y Santiago de Lerma. Aún hoy posee una marcada fisonomía hispana que la destaca del resto de las ciudades del país y la convierten en una de las capitales provinciales de mayor identidad. Su perfil urbano está delineado por casas de un solo piso, calles y veredas angostas enmarcadas por el verde amarronado de los cerros circundantes. Dicen que esta ciudad es una de las mejor preservadas de Argentina.

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Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria en Salta

Destacan la catedral, construida en la segunda mitad del siglo XIX de estilo neoclásico, la basílica menor y convento de San Francisco, o el Cabildo que, construido en 1780, es emblema de la ciudad y el mejor conservado del país. Este, al igual que la catedral, se ubica en la plaza 9 de julio, en pleno corazón del casco histórico. El nombre conmemora el día de la independencia de Argentina.

La ciudad de Salta sirvió, además de como punto de partida para moverse posteriormente por la provincia limítrofe de Jujuy, como punto de reunión de Sandra y Anya con su amiga común Sabina, con quien habían coincidido en Córdoba y Buenos Aires.

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Vistas de las montañas desde el hostel en Tilcara

Un hostel para hacer amigos en Tilcara (Jujuy)

Tras el largo recorrido que habían realizado entre Iguazú y Salta, los 176 kilómetros que separaban Salta de Tilcara eran una anécdota. A esta población de la provincia de Jujuy llegaron las tres viajeras y allí encontraron un encantador hostel que localizaron cuando intentaban buscar un alojamiento mediante couchsurfing. Como ya expliqué en otra ocasión, este sistema es mucho más que un intercambio o un ofrecimiento de alojamiento gratuito. Es una herramienta para conocer gente y hacer amistades, muy utilizado especialmente por gente joven.

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Un detalle del hostel

Pues bien, Sandra comentó que habitualmente el dueño de este hostel, un enamorado de este pueblo, acoge gratuitamente a algún viajero suelto, siempre a través de este sistema oficial de intercambio. Sandra, Sabina y Anya le cayeron bien, así que quedaron invitadas.

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Las montañas se asoman sobre las sencillas edificaciones de Tilcara
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Los bares y restaurantes aportan su especial colorido

Mi hija nos comentó que el establecimiento, que estaba rodeado de naturaleza, era un encanto y el pueblo precioso aunque con bastante contraste de temperatura. Bastante calor durante el día y por la noche podía bajar de los ocho grados. Enclavada a 2.465 metros sobre el nivel del mar, esta población está enmarcada por un paisaje totalmente diferente al que rodea la ciudad de Salta, bastante más húmeda. Aquí, la paupérrima vegetación del lugar: acacias, álamos, molles y sauces, sirve para que se desarrolle una variada fauna con presencia de vicuñas, guanacos, zorros y hurones. No faltan las llamas y las alpacas.

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Una de las calles de Tilcara

Callejuelas y casas de adobe

Las callejuelas rectas y muchas de ellas empinadas van atrapando al visitante con sus bajas edificaciones de adobe, lo que les confiere cierta calidez. Su plaza principal es el centro de encuentro del pueblo y alberga una amplia muestra de los trabajos artesanos locales y de las zonas aledañas. El colorido mercado artesanal se expone para ofrecer una variada gama de productos de la región: ponchos, instrumentos musicales, dulces, vasijas, adornos, ropas y un sinfín de obras realizadas por las manos de los artistas. Todo ello rodeado por pequeños restaurantes, cafés y talleres artesanales.

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Llamas en una granja de Tilcara

La provincia de Jujuy, al igual que la de Salta, presenta una gran variedad de ecosistemas que evolucionan desde el bosque andino y selva de las yungas, pasando por los valles y la puna hasta la quebrada. A 85 kilómetros de la capital de la provincia, San Salvador de Jujuy, Tilcara surge en el corazón de la quebrada de Humahuaca, una zona árida de gran belleza paisajística y muy rica en patrimonio cultural. Por este profundo y angosto surco de origen técnico-fluvial, declarado patrimonio cultural y natural de la Humanidad por la Unesco, transitaron los incas y los conquistadores procedentes del alto Perú.

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Puente de acero sobre el río Guasamayo

Esta zona, poblada durante más de 10.000 años, fue dominada por los tilcaras, que fueron quienes domesticaron la llama y cultivaron el maíz y las papas. Hacia 1470 el imperio incaico extendió su dominio por la región. A partir de 1530 los españoles comenzaron a explorar la zona a lo que los nativos se opusieron tenazmente. Francisco de Argañaraz y Murguía fue el fundador de Tilcara, que se haya en la confluencia entre los ríos Grande y Guasamayo.

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La Pucara, desde donde asomarse a la cultura de hace más de mil años

La Pucara, fortaleza precolombina

Una de las visitas más interesantes en esta población, conocida como la capital arqueológica de la quebrada, es la del yacimiento precolombino de la Pucara, fortaleza de los omaguacas de hace más de mil años. Es objeto de gran atracción por parte de turistas, pero también de arqueólogos, antropólogos y científicos atraídos por su gran valor histórico. Además de murallas y viviendas con fortificaciones defensivas, en otra zona de la Pucara se localiza el denominado barrio de la iglesia, donde se realizaban cultos al sol y la luna. Ya más moderno, construido en 1935, se alza un monumento con forma de pirámide sin punta como homenaje a los arqueólogos que trabajaron en la zona.

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Restos de antiguos pueblos
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Edificaciones reconstruidas de la Pucara de Tilcara

Sandra comentó que los restos arqueológicos estaban muy restaurados. Se encuentra a un kilómetro del centro de la ciudad subiendo un cerro y cruzando el puente de acero sobre el río Huasamayo, entonces, totalmente seco.

Entre cactus gigantes

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Jardín Botánico de Altura en Tilcara
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La inmensidad de los cactus se puede apreciar

Junto a la Pucara, y otra visita obligada, se encuentra el Jardín Botánico de Altura. Allí se cultivan y estudian ejemplares de las especies típicas de la flora de la quebrada y de la puna. Los cactus gigantes son dignos de admiración. En cuanto a la fauna, es curioso que en Sudamérica existen cuatro clases de Camélidos: dos domesticados, la alpaca y la llama y dos silvestres, la vicuña y el guanaco. El proceso de domesticación se inició 4.500 años antes de Cristo. Las caravanas de llamas eran habituales. Actualmente no se ven aunque se organizan algunas salidas senderistas acompañadas de llamas.

Tilcara, la Pucara y los bellos cactus gigantes aumentan su belleza al estar enmarcados por paisajes y montañas desérticas que por sus atrayentes colores ya son de por sí todo un espectáculo de la naturaleza. Tilcara fue para Sandra, Anya y Sabina el aperitivo de lo que iban a encontrar en una pequeña localidad muy cercana, Purmamarca, y su cerro de los siete colores.

Fotos: Sandra Romero

Iguazú, la fuerza de la naturaleza

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Imagen de las cataratas tomadas desde el lado brasileño del Parque Nacional

Una de las cosas que mi hija Sandra había hecho en Santiago de Chile fue comprarse una nueva mochila. La que llevaba hasta ese momento había ido sucumbiendo poco a poco. Su amigo Andrés, que ya la había currado en sus viajes por el mundo, se la había cedido unos meses antes para que, al menos al principio, la pudiera aprovechar. Y la aprovechó. Sin embargo, especialmente ahora y puesto que comenzaba lo más duro del viaje era necesario renovar el equipaje.

Sin duda, una de mis preocupaciones, como madre y también la de Luis, como padre, era el tener que estar posiblemente a partir de ahora algún que otro día sin noticias de Sandra y sabiendo además que iba a recorrer durante horas cientos de kilómetros en distintos autobuses por carreteras, a veces complicadas. Al menos, a partir de ahora no iba a viajar sola. Anya y ella iban a comenzar juntas y muy entusiasmadas un interesante viaje que, como primera etapa, les iba a llevar a Puerto Iguazú, en la provincia argentina de Misiones, en el extremo noreste del país.

Por delante tenían 17 horas de viaje en bus para recorrer unos 1.300 kilómetros. La alternativa era viajar en avión, pero lo tenían muy claro: si lo que se quiere es ahorrar y además no hay prisa por llegar, se puede hacer perfectamente por carretera. Es una buena opción porque además en ese país, los micros y ómnibus, como se les llaman en Argentina a los autobuses de larga distancia, son muy buenos y están muy bien acondicionados para realizar largos trayectos. 

Ya quisieran muchos autobuses en España ser como estos -nos indicó Sandra.

Las butacas son como literas, hay servicio y nos ofrecieron distintas comidas a lo largo del viaje. Ah, incluso te entregan una manta de viaje -añadió.

Bueno, pues la salida estaba prevista para las 14:30 horas y la llegada hacia las 07:00 u 08:00 horas del día siguiente. Un palizón desde mi perspectiva, pero el hecho de hacer parte del trayecto de noche sirve para aprovechar esas horas para dormir durante el viaje. En fin, son jóvenes y sin problemas para descansar en cualquier espacio.

Desde Buenos Aires y hasta llegar a Misiones hay que atravesar las provincias de Entre Ríos, tierra de Chaná-Timbues, y Corrientes, donde estaban asentados antes de que llegaran los colonizadores españoles los Cara Cará, Guacarás y Charrúas. Sin embargo hay una cultura milenaria que es común a estos tres territorios: los guaraníes, un grupo de pueblos nativos sudamericanos que se ubican geográficamente en el noreste de Argentina, en Paraguay, al sur y suroeste de Brasil, al sureste de Bolivia y en el extremo norte de Uruguay.

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Las cascadas y saltos de agua conforman uno de los enclaves más impresionantes

Zona de frontera y ríos

El destino de mi hija es ahora Misiones que, siendo la tercera provincia menos extensa del país, está rodeada por cinco ríos, tres de ellos de gran importancia: Paraná, Uruguay e Iguazú. En todos ellos desembocan unos 800 cursos permanentes de agua. De clima tropical húmedo, es la provincia más húmeda de Argentina.

Largo viaje, que sin embargo no pareció dejar demasiada huella de cansancio en las viajeras. Nada más llegar a Puerto Iguazú, buscaron y localizaron un hostel, que por ciento tenía muy buena pinta y con piscina incluida. Esta ciudad, junto a Presidente Franco y Ciudad del Este, en Paraguay y Foz do Iguaçu, en Brasil, conforman lo que se denomina la Triple Frontera. Un territorio donde confluyen los ríos Paraná e Iguazú y es compartido por los tres países.

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El sonido del agua es ensordecedor y envuelve el paisaje

Tras el tiempo justo de acomodarse y descansar algunas horas, el objetivo siguiente era coger un autobús que atravesando el puente Tancredo Neves las llevara al otro lado de la frontera, en la brasileña Foz do Iguaçu.

Las cataratas de Iguazú, elegidas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, están consideradas una de las 7 maravillas naturales del Mundo. Esta joya está ubicada en el Parque Nacional de las Cataratas de Iguazú, en la frontera entre Argentina y Brasil. Quienes las han visitado afirman que hay que hacerlo desde ambos lados y Brasil fue la primera opción.

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Las cataratas están consideradas como una de las siete maravillas naturales del mundo

Era noviembre y, por tanto, primavera en el hemisferio sur. Hacía bastante calor y mucha humedad. Según me explicó mi hija, había visitantes pero el recorrido no era tan agobiante como, al parecer, lo es en otras épocas del año. Al contrario, se podía realizar tranquilamente, sin agobios y disfrutando pausadamente de cada rincón de esta maravilla del mundo. Sandra nos comentó tras esta visita que había sido una de las cosas más impresionantes que había visto nunca.

Al parecer el lado argentino es aún más espectacular, pero no sé cómo puede ser porque lo que hemos visto hoy es grandioso -nos dijo tras esta visita.

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Imagen tomada desde el lado brasileño

La parte brasileña de las cataratas tiene una extensión menor que la argentina. La visita se realiza a través de un camino de 1.200 metros y desde él se obtienen magníficas vistas de las cataratas del lado argentino. Se observa el Cañón del río Iguazú y los saltos de Rivadavia y los Tres Mosqueteros. Al final del camino se llega a un mirador que prácticamente se introduce en la Garganta del Diablo, la más impresionante de las caídas de agua, de unos 80 metros de altura. Durante el paseo se pueden observar algunas especies de la fauna y flora del parque: tucanes, lagartos, coatíes, tapir, oso hormiguero, jaguarete, así como numerosas especies de árboles y arbustos propios de las zonas húmedas y característicos de la selva.

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Las pasarelas, como la de la imagen, acercan al visitante a ras de agua

El río Iguazú, que en lengua guaraní significa Río Grande, nace en la zona de Paraná, en Brasil. Tras recorrer unos 1.300 kilómetros por terrenos más o menos tranquilos, absorbiendo el caudal de numerosos afluentes y conformando algunos saltos y cascadas, llega de repente a un punto donde una falla geológica forma una gran grieta, ya en la desembocadura en el río Paraná. Son las Cataratas de Iguazú, conformadas por 275 saltos, distribuidos en forma de abanico a través de acantilados e islotes, siendo el más impresionante el de la Garganta del Diablo. El primero en informar de ellos fue el adelantado Álvar Núñez, en 1542, quien los llamó Saltos de Santa María.

He podido ver las fotografías que realizó mi hija allí, tanto en el lado argentino como en el brasileño y sin duda las imágenes son impresionantes. De todas formas, Sandra me insistió en que las fotos no reflejan para nada la grandiosidad de este espectáculo de la naturaleza donde queda patente el poder y la fuerza del agua. Aquí la vista, el olfato y el oído, dicen quienes han estado en Iguazú, se activan al máximo para intentar absorber el mayor número de matices.

El 80% de los saltos están en el lado argentino, el resto en Brasil. El recorrido desde este último país te ofrece una espectacular panorámica de los saltos entre los que podrás caminar al día siguiente. Dicen siempre que “desde Brasil se ven las cataratas y desde Argentina se viven”. En cualquier caso, la primera impresión es sonora ya que antes de llegar a ver el agua, el sonido atronador de su furia da la bienvenida.

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Acercarse a las cataratas es dejar que la naturaleza te abrace

Penetrar en las cataratas

A la mañana siguiente, bien temprano, Anya y mi hija se dirigieron hacia la entrada de las cataratas, en esta ocasión en el lado argentino. Aquí la visita ofrece diferentes pasarelas en distintas direcciones y a distintos niveles que permiten contemplar y, sobretodo, sentir las cataratas desde diferentes ángulos, pero siempre desde un punto de vista más cercano dando la impresión de entrar en la misma cascada. Uno de los recorridos lleva al visitante mediante una pasarela hasta el mismo borde de la Garganta del Diablo.

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Varias imágenes de la pasarela que, en lado argentino, te acerca a la Garganta del Diablo

Su grandeza impresiona y por más fotografías que se hagan es imposible captar, como ya dije anteriormente, la belleza y las sensaciones de este lugar protegido, enmarcado en la conocida como selva misionera, uno de los de mayor riqueza biológica de Argentina.

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Garganta del Diablo, desde el lado argentino

Allí, en el lado argentino, otra de las alternativas que ofrece el parque es realizar un sendero peatonal de unos tres kilómetros, que atraviesa la espesa selva y que termina en el salto Arrechea, una caída de agua de 23 metros formada por el arroyo del mismo nombre, un afluente del río Iguazú. Mi hija y su amiga llegaron hasta allí, pudiendo disfrutar de un placentero baño bajo la cascada.

En el parque, creado en el año 1934, los auténticos reyes del lugar son los coatíes, unos pequeños mamíferos que viven en manada y cuyo nombre significa nariz alargada, en guaraní. 

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Los coatíes forman parte del paisaje del Parque Nacional
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Uno de los numerosos lagartos que pasean por el Parque

Este magnífico espacio natural ha sido elegido en numerosas ocasiones como escenario de producciones cinematográficas. Entre ellas, La Misión, película británica dirigida por Roland Joffé en 1986, que recomiendo. Esta cinta, protagonizada por Robert de Niro y Jeremy Irons, con una excelente banda sonora del italiano Ennio Morricone, y escrita por Robert Bolt (Lawrence de Arabia o Doctor Zhivago) transcurre en el siglo XVIII, cuando España y Portugal han llegado a un acuerdo político, plasmado en el Tratado de Madrid, para gestionar sus colonias americanas. Una consecuencia de dicho pacto fue que los jesuitas, asentados en tierras guaraníes en Brasil, debían abandonar el lugar.

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La naturaleza sigue su curso en unos de los lugares más bellos del planeta

Por si a alguien le interesa escuchar esta maravillosa pieza de Morricone ahí dejo el enlace. Es el tema principal de la película.

https://www.youtube.com/watch?v=3dLxy4jn_vI

La provincia de Misiones recuerda en su nombre a las denominadas reducciones (misiones) que allí se instalaron si bien su historia se basa en las raíces de la América indígena. Los indios guaraníes, procedentes del amazonas, llegaron a territorio misionero hacia el año 1000. Eran pueblos nómadas que decidieron aliarse con el conquistador blanco, si bien acabaron siendo sumisos a un sistema de encomienda. Con la llegada de los jesuitas ven cierta salvación a su estado de servidumbre, si bien su cultura se ve afectada por el proceso de evangelización . Al ser expulsada esta orden, muchos regresan a la selva. Actualmente este pueblo, que siente un gran respeto con la naturaleza, vive en condiciones precarias.

La lengua guaraní es uno de los dos idiomas oficiales en Paraguay. Se habla en el noreste de Argentina, siendo lengua oficial junto al español en la provincia de Corrientes. El guaraní también es oficial en Bolivia.

Este ha sido, sin duda, uno de los lugares que más huella ha dejado en mi hija. Ese día pasaron seis horas en el Parque, que aprovecharon al máximo. Escuchando el sonido y empapándose del agua de los saltos y cataratas, nadando y compartiendo espacio con coatíes, tucanes, lagartos y unas hormigas negras y gordas, entre otros animales.

Es increíble, pero el lado argentino es aún mucho más espectacular. De todas formas, ambos lados han merecido la pena. No he visto hasta ahora nada tan impresionante como Iguazú.

Y ahora, a prepararse porque al día siguiente el autobús será el protagonista. 24 horas de carretera les separan de su próximo destino, la provincia de Salta, en el montañoso noroeste argentino.

Estáis locas -le decimos

Qué va. En Argentina, los autobuses son un lujo. Este autobús lleva butacas cama y te dan la cena, el desayuno y la comida. Mejor que muchos aviones -insistió.

Fotos:  Sandra Romero

 

Buenos Aires también es arte urbano en colores

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Los murales invaden las calles de Buenos Aires

Uno de los rincones preferidos de mi hija Sandra en su visita a Buenos Aires fue el pintoresco y colorido barrio portuario de La Boca. Muy turístico sí, pero en él se mantiene la esencia del carácter porteño y evoca, de manera ahora muy atractiva y efectista, el espíritu de aquel arrabal que entre finales del siglo XIX y principios del XX acogió a numerosos emigrantes europeos, mayoritariamente italianos genoveses. Hoy, el barrio y su estrella principal, la calle Caminito, se han convertido en un museo al aire libre.

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Dos rincones del tantas veces nombrado Caminito, en La Boca

Sandra, que llevaba en su mente la imagen inolvidable de los murales de Valparaíso (Chile), también quedó impresionada por esa paleta de tonalidades chillonas en verde, naranja, amarillo o rojo que visten las antiguas casas y construcciones de La Boca que un tiempo atrás sirvieron para albergar a sus vecinos. La rehabilitación de la zona a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, gracias a la iniciativa vecinal y la del pintor Benito Quinquela Martín, permitió recuperar un espacio por entonces muy degradado.

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La artesanía, el arte en general, ocupa su lugar en La Boca
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El siempre turístico Caminito, forma parte de la historia porteña

Originariamente se habían construido casas de madera y chapa junto a un riachuelo que desemboca en el río de la Plata, y de ahí el nombre del barrio. Estas viviendas colectivas, denominadas conventillos, fueron cubiertas con vivos colores con la pintura sobrante de los cercanos talleres portuarios.

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Caminito, una calle y un barrio recuperado

Uno de los arroyos, que desaguaban en el riachuelo, discurría por Caminito, y de ahí su trazado sinuoso. Por aquí pasaba la vía del ferrocarril y al quedar clausurado dicho ramal el callejón quedó abandonado. Hoy, es la calle más visitada del barrio.

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El color forma parte de la fisionomía del barrio de La Boca

“Caminito que el tiempo ha borrado…”

Si hay una expresión cultural que refleje el espíritu porteño ésta es sin duda el tango y La Boca que, además de lucir su emblemática Bombonera, sede del equipo de fútbol Boca Juniors, acoge de manera especial esta gran seña de identidad que dio a conocer mundialmente a uno de sus máximos exponentes, Carlos Gardel, enterrado en el cementerio bonaerense de La Chacarita. Visitar el barrio con la luminosidad que aporta un día soleado ofrece al viajero una imagen diferente a si se recorre en un día gris, pero de ambas maneras es peculiar. Restaurantes, músicos, pintores, bailarines de tango… en La Boca y especialmente en Caminito forman parte de la fisonomía diaria.

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El tango, una forma de ser bonaerense

Caminito que el tiempo ha borrado/ que juntos un día nos viste pasar/ he venido por última vez/ he venido a contarte mi mal./ Caminito que entonces estaba/ desde que se fue/ triste vivo yo/ caminito amigo/ yo también me voy./ Desde que se fue nunca más volvió/ seguiré sus pasos, caminito adiós./ Caminito que todas las tardes…

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Las placas, en homenaje a los autores del tanto ‘Caminito’

Esta calle quedó inmortalizada a través del tango Caminito, de cuya letra es autor Gabino Coria Peñazola, siendo la música de Juan de Dios Filiberto. Sendas placas en el callejón les rinden homenaje.

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Mafalda y sus amigos viven para siempre

Un lugar para Mafalda

Pero Buenos Aires es mucho más y así me lo transmitió mi hija. También es Recoleta, Palermo, Belgramo o San Telmo, uno de los barrios más tradicionales y antiguos de la ciudad. Allí, al igual que en Puerto Madero, los viandantes comparten espacio con los personales más famosos de la historieta argentina. Mafalda, Susanita y Manolito tienen también allí su espacio. Leer Mafalda, como hemos hecho muchos, es leer a Argentina a través de Quino, de esa figura creada en 1964, reflexiva y crítica con la sociedad argentina de los años 60 y 70 pero con mensajes extensivos al orden mundial.

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Un  detalle de uno de los rincones del paseo de la historieta

Durante su estancia en la capital argentina, mi hija compartió casa con su amiga Sofi y su familia en Villa del Parque, un barrio muy tranquilo de la ciudad. Julio Cortázar, que fue uno de sus vecinos, dedicó algunas palabras a la zona:

“A las dos, cuando la ola de los empleados termina de romper en los umbrales de tanta casa, Villa del Parque se pone desierta y luminosa”.

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Los murales, además de expresión artística, son un medio reivindicativo

Vivir Buenos Aires es embarcarse en su cultura y por deformación profesional no puedo dejar de hacer referencia al diario Clarín, el de mayor tirada del país y uno de los de mayor difusión del mundo de habla hispana. La literatura también tiene su peso. Argentina es Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy , Ernesto Sábato, o Juan Gelman, todos ellos Premio Cervantes, y en este último caso también Premio Reina Sofía de Literatura Iberoamericana. También es Julio Cortázar o Silvina Ocampo y muchos más.

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El arte urbano está presente en las calles de la ciudad

Precisamente, hace pocos días releí El Túnel, de Sábato, nacido en Rojas, en la provincia de Buenos Aires. Hacía muchos años que tuve en mis manos esta obra y quise ahora volver a reencontrarme con el autor argentino. El existencialismo, que defiende al individuo como persona libre y responsable de sus actos, se despliega a lo largo de las páginas de esta novela que refleja incomunicación y soledad. Hay quien considera a esta obra, que no me volvió a defraudar, de tinte policial o negra. Es más, también cabría hablar de asesinato de género.

Por motivos de trabajo, pude estar presente en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares en el acto de entrega del Premio Cervantes a este autor. Fue en 1984.

Sábato, que junto con Jorge Luis Borges compartió almuerzo con el golpista Jorge Videla, se implicó en condenar los crímenes de la dictadura argentina denunciando también todo tipo de dictaduras, de derechas y de izquierdas. Presidió la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas.

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El tango, siempre presente

Decir adiós

Queda poco para abandonar Buenos Aires, pero antes cómo no dar una vuelta por el exclusivo barrio de Recoleta, cuyo nombre deriva del convento e iglesia de los frailes recoletos que llegaron aquí a principios del siglo XVIII. Allí se encuentra el cementerio más visitado de la ciudad y donde sobresalen sus imponentes mausoleos y bóvedas, pertenecientes a muchos de los principales protagonistas de la historia del país.

Es el caso de Eva Perón. También reposan allí los restos de los que fueran presidentes de la república, Luis Sáenz Peña y Raúl Alfonsín, o de los escritores Adolfo Bioy Casares, su esposa Silvana Ocampo y la hermana de esta última, Victoria.

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Una de las calles del cementerio Recoleta

Por otro lado, la que fuera primera mujer del presidente Juan Domingo Perón, también está inmortalizada en los murales en acero que ejecutó el escultor Alejandro Marmo, según diseñó junto al artista Daniel Santoro. Su imagen aparece a ambos lados del antiguo edificio del Ministerio de Obras Públicas, en la avenida 9 de julio, considerada una de las más anchas del mundo.

Buenos Aires, que fue un lugar de reencuentro para mi hija con amigos suyos de su etapa en San Petersburgo o de su estancia en Valparaíso, también sirvió de punto de partida para lo que iba a ser una larga ruta de miles de kilómetros en dirección hacia el norte. La primera etapa tenía como objetivo Iguazú. De momento, nos quedamos preparando el equipaje.

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Buenos Aires es mucho más, pero el color de La Boca deja huella

Fotos: Sandra Romero

 

Buenos Aires, la ciudad de los pañuelos blancos

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Vista desde el avión de la ciudad de Buenos Aires poco antes de aterrizar

Buenos Aires, capital cosmopolita de Argentina, es la siguiente escala. Viendo brillar las luces desde la altura de aproximación al aeropuerto uno se puede hacer una idea de la extensión de esta ciudad que acoge a casi tres millones de habitantes, según el último censo oficial, de 2010. Una cifra que asciende a casi trece millones si nos referimos al área metropolitana, al Gran Buenos Aires.

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Detalle de la Plaza de Mayo y en el centro el antiguo Cabildo

Hay muchas formas de viajar pero hacerlo de manera reflexiva, pausada, aprendiendo de lo que se nos muestra no solo a simple vista, trae consigo una de las mayores recompensas para el ser humano, empatizar con la ciudad, región o país y hacer amigos allá por donde vayas y eso lo saben, de manera muy especial, los jóvenes viajeros. A mi hija Sandra le gusta charlar y poder así compartir experiencias que enriquecen la travesía y aportan valores.

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Las pinturas y murales se extienden por distintos rincones de la ciudad

Su estancia en la capital porteña resultó muy interesante, además de por reencontrarse allí con amigos, lo cual venía siendo ya muy habitual en mi hija, por visitar una ciudad abierta y epicentro de la enorme actividad cultural del país. Caminar y coger el transporte público de una ciudad es lo ideal para adentrarse en sus rincones y secretos y así, en la medida de lo posible, alejarse de las zonas más turísticas.

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Obelisco, conmemorativo de la primera fundación de la ciudad, en la plaza de la República
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Palacio del Congreso, en la avenida del mismo nombre

Eso, la verdad, no está siempre asegurado pero se puede intentar y más cuando una amiga local te aporta insuperable información y además te da cobijo en su casa. De todas formas, no siempre hay que evitar lugares muy visitados. A veces es conveniente armarse de paciencia para poder disfrutar de zonas, monumentos o espacios “imprescindibles”. Sin duda, hacer un free tour es una buena alternativa para hacer una primera inmersión en esta ciudad que se extiende a un lado del río de la Plata.

Buenos Aires se ha ido forjando como el resto del país a partir de la mezcla de culturas de diferentes pueblos, de inmigrantes procedentes de distintos países, especialmente europeos. Aquí se combinan tradiciones de los nativos americanos, las de los pueblos indígenas, entre ellos los querandíes, con las que llegaron del otro lado del atlántico: españoles, italianos, sirio-libaneses, polacos y rusos. Hay que destacar que Buenos Aires se fundó dos veces, la primera en 1536 al establecer aquí un asentamiento el colonizador español Pedro de Mendoza. La llamó Ciudad del Espíritu Santo y Puerto de Santa María del Buen Aire. La segunda y definitiva fundación la realizó Juan de Garay en 1580 y la denominó Ciudad de Trinidad.

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Plaza de Mayo y al fondo el obelisco, icono de la ciudad

Quienes no hemos visitado nunca esta ciudad pero sí hemos visto películas argentinas o leído sobre ella, conocemos parte de su historia y tenemos en la mente muchos de sus símbolos reconocibles. Conocemos la Plaza de Mayo, la más antigua y centro neurálgico de la ciudad, enmarcada por magníficos edificios del siglo XIX, entre ellos la Casa Rosada (palacio presidencial), el cabildo (actual museo) o la catedral metropolitana.

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Detalle de la Plaza de Mayo y uno de los pañuelos blancos

El nombre de la plaza conmemora la revolución del 25 de mayo de 1810, cuando los ciudadanos se reunieron para expulsar al virrey y formar un gobierno criollo. Y sobre las baldosas de la citada plaza los 32 pañuelos realizados en pintura blanca y ubicados alrededor de la Pirámide de Mayo, erigida para recordar a los revolucionarios artífices de la independencia del país. El pavimento que hay en la actualidad en la plaza no es el mismo que el que aparece en las fotografías que realizó mi hija cuando estuvo en la ciudad. La plaza fue remodelada a principios de 2018.

Las imágenes de los pañuelos forman parte de la historia de un país que, al igual que Chile, ha sufrido la mano implacable de la dictadura militar, si bien en este caso fueron seis los golpes de Estado con éxito que se fueron sucediendo a lo largo del siglo XX, el último en 1976. Estos pañuelos representan el símbolo de las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo, que siguen reuniéndose en este lugar todos los jueves para hacer visible el recuerdo. Quienes tenemos ya una cierta edad no olvidamos aquellos años críticos de violaciones de derechos humanos y a los cerca de 30.000 desaparecidos.

Al igual que en Córdoba, anterior escala de Sandra, la memoria dispone en Buenos Aires de varios lugares privilegiados para rendir homenaje a los desaparecidos. Este es el caso del predio de la antigua Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en la costa del Río de la Plata. Está formado por 35 edificios y el lugar fue recuperado por el Gobierno argentino en 2004. Allí se ubica, entre otros, el Archivo Nacional de la Memoria, el Centro Cultural Haroldo Conti, el Museo de las Malvinas, o el Museo Sitio de la Memoria, donde mediante documentos históricos y testimonios de las víctimas se evidencia el terrorismo de Estado sufrido durante la dictadura militar a la que llevó el golpe de estado de 1976 y que duró hasta 1983.

En este edificio, destinado originalmente al esparcimiento y descanso de los marinos, estuvieron detenidos-desaparecidos cerca de 5.000 hombres y mujeres. La mayoría fueron arrojados vivos al mar en los denominados vuelos de la muerte. También el Parque de la Memoria rinde su especial homenaje.

Sin duda, después de salir de este espacio es raro que una persona no salga alto “tocada”, pero lo que allí se ve y se siente forma parte de la historia del país, de su sufrimiento.

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Exposición de Miró

Después de esta visita vamos a intentar relajarnos y qué mejor que hacerlo en una ciudad llena de museos donde la pintura, la escultura, la literatura o el teatro pugnan por acaparar la atención cultural. Cuando Sandra visitó Buenos Aires aprovechó para disfrutar de la “magnífica” exposición Miró: la experiencia de mirar en el Museo Nacional de Bellas Artes, perteneciente a la colección del museo Reina Sofía de Madrid. También merecía la pena adentrarse en la librería El Ateneo, en el barrio Recoleta, un lugar de ensueño donde las butacas del antiguo teatro Ateneo Grand Splendid han sido sustituidas por estanterías repletas de libros. Este espléndido espacio, donde un día actuó Carlos Gardel, fue considerado por el diario británico The Guardian como la segunda librería más bonita del mundo. La primera era Selexyz Dominicanen Boekhandel, de Maastricht (Holanda). La lista puede variar según quien haga la selección, es evidente, pero de lo que no hay duda es que este lugar impacta.

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Detalle de la librería El Ateneo, en el barrio Recoleta

En fin, qué mejor que terminar la jornada con un libro en la mano, por ejemplo con uno del autor argentino Jorge Luis Borges.

Fotos: Sandra Romero

 

Córdoba, puerta de entrada a Argentina

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Imagen tomada sobrevolando los Andes, de camino a Argentina

Al contemplar las fotografías realizadas por mi hija mientras sobrevolaba los Andes me puedo hacer solo una remota idea de la grandeza de esta cordillera montañosa. De esta impresionante cadena de montañas, por cierto la más larga de la tierra, destaca el Aconcagua, el techo de América, que luce imponente en Argentina, en la provincia de Mendoza, sus más de 6.960 metros de altitud. Los Andes son la frontera natural entre este país y Chile, si bien se extiende de sur a norte también por Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, penetrando igualmente en Venezuela.

Dos días antes del vuelo entre Santiago de Chile y la ciudad argentina de Córdoba, Sandra se había marchado de Valparaíso, no sin antes celebrar más de un encuentro de despedida. Charlas, abrazos y algunas lágrimas no faltaron como colofón a una experiencia inolvidable en una ciudad inolvidable.

Los últimos días en la capital del país los iba a aprovechar para recorrer o volver a visitar algunos puntos imprescindibles de Santiago, en este caso junto a su amiga Anya, con la que se había reencontrado en el hostel de Valpo. La última vez que la había visto fue en San Petersburgo, a comienzos de verano. Prácticamente a partir de ahora se iban a convertir en compañeras de viaje inseparables durante miles de kilómetros.

Parece increíble que cuando sales en avión desde el aeropuerto Comodoro Arturo Merino Benítez, en dirección a Argentina, tengas que sobrepasar algunos minutos después la impresionante coordillera que se alza imponente frente a la ciudad. Una vez alcanzada la altura adecuada, la montaña se convierte en una escarpada alfombra blanca de miles de metros de altura. ¡Tiene que impresionar…!

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Catedral de Córdoba en la plaza San Martín

La estancia en Córdoba iba a ser muy breve. Apenas dos días y medio, que Sandra aprovecharía para visitar algunos de los rincones más populares de la segunda ciudad más poblada de Argentina, como por ejemplo su centro histórico que gira en torno a la plaza de San Martín, dedicada a quien tuvo un peso relevante en la independencia de ese país. Junto a una amiga, que vive en esa ciudad y que le dio cobijo esos días, aprovechó para recorrer sus calles.

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Iglesia de los capuchinos

Esta ciudad fue fundada en 1573 por el sevillano Jerónimo Luis de Cabrera con el nombre de Córdoba de la Nueva Andalucía, como tributo a los ancestros de su esposa, que eran andaluces. Aquí han tenido siempre un gran peso los jesuitas y su huella se deja ver en la denominada Manzana Jesuística, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2000. Allí, entre otros monumentos, se halla la sede del antiguo Rectorado de la Universidad de Córdoba, hoy museo. La primavera iba avanzando y la temperatura era ya incluso veraniega. Las jacarandas de la ciudad estaban totalmente cubiertas de un manto de flores violetas.  La ciudad, atravesada por el río Suquía,  se encuentra ubicada en la zona central del país y, según dicen, su clima continental templado influye en el buen humor de su gente, como también incidió en sus primeros pobladores los sanavirones y los comechingones

Donde habita la memoria

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Dos imágenes del interior del Archivo Provincial de la Memoria

Uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad es el Archivo Provincial de la Memoria. Nada más cruzar la puerta de estas dependencias, ubicadas en el pasaje de Santa Catalina, aflora un cierto sentimiento de angustia. Han pasado muchos años, pero allí no se olvida lo sucedido en el antiguo Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba.

En la década de los 70 estas instalaciones funcionaron como Centro Clandestino de Detención. Allí se torturaba, se exterminaba, se actuaba bajo la premisa de persecución política e ideológica disfrazada de lo que la dictadura denominaba subversión. Se violaban los derechos humanos. Por allí pasaron cientos de miles de hombres y mujeres. Este lugar fue utilizado en distintos periodos dictatoriales. Actualmente, y desde 2008, es un museo donde en sus propias paredes se muestran algunos testimonios de personas allí detenidas:

…pasé por acá, por todo este pasillo, ya a esta altura del partido iba totalmente encapuchado, hasta que me llevan para aquella parte y ahí me ubican en un banco de cemento, de material…”

Así se lee en uno de los paneles allí expuestos sobre las paredes que aún conserva parte de la pintura de color verde. Es sólo uno de tantos testimonios de los allí encerrados.

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Paneles con testimonios de las personas que estuvieron allí detenidas

Este es, sin duda, un lugar obligatorio para quienes visitan la ciudad. Durante el recorrido se percibe el dolor entre sus muros, algunos de ellos ya derribados, que van formando pasillos laberínticos y celdas por donde pasaron y donde permanecieron tantas personas que sufrieron la represión política.

Dentro, en uno de sus patios, la única presencia del exterior que vislumbra, es la torre de la catedral de Nuestra Señora de la Asunción, monumento histórico nacional.

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Entorno de la cascada de  Hornillos

Entorno natural

Después de sentir el peso de la historia reciente de esa ciudad, qué mejor que intentar despejarse en plena naturaleza. Esta ciudad que, al parecer, suele ser uno de los destinos preferentes de vacaciones para los bonaerenses, está rodeada de plena naturaleza. Una alternativa es visitar alguna de sus cascadas. En este caso, mi hija y unos amigos aprovecharon el buen tiempo primaveral para acceder por un camino de no muy difícil recorrido desde la localidad de Río Ceballos, muy cerca de Córdoba, hasta la cascada Hornillos.

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Cascada de Hornillos

La caminata merecía la pena pues el salto de agua muestra una boca de piedra a unos diez metros de altura desde donde el agua desciende entre paredes rocosas hasta la poza. El baño, sin duda, fue una buena opciónm si bien me comentó Sandra que el agua estaba algo fría.

Chile, con sus peculiaridades culturales, lingüísticas y gastronómicas quedaba ahora atrás. Argentina, separada de su vecino por la gran barrera montañosa, nada tiene que ver con él, tampoco su forma de hablar. Mi hija ya no iba a seguir escuchando la palabra weón cuando los chilenos se refieren al boludo argentino o garzón para referirse al mozo argentino, que es el camarero del que se habla en España.

Pero bueno, Argentina es un país enorme y como tal existen muchas diferencias léxicas entre diferentes zonas. Según he leído la provincia de Córdoba, por ejemplo, es rica en modalidades lingüísticas. De hecho, el español que trajo el fundador de la ciudad había transitado ya por Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y la actual Bolivia. Además, aquí el español también ha estado en contacto con distintos dialectos y lenguas además de inmigrantes de otros países (italianos, alemanes, coreanos o siriolibaneses).

En fin, muchos localismos como, por ejemplo, dejar de pronunciar en la mayoría de los casos las s y las c antes de la t. Así, en vez de decir defecto o arquitecto, allí dicen defeto o arquiteto. También evitan pronunciar las s finales.

Reencuentros

El mundo es un lugar de reencuentros a veces casuales, otras veces buscados. Córdoba iba a ser el lugar donde mi hija y Anya se iban a reencontrar con Sabina, amiga común, quien también se les uniría en su viaje por tierras sudamericanas a partir de Buenos Aires. Tampoco fue una sorpresa el compartir algunas horas con gente igualmente viajera con la que Sandra había coincidido algunos días en su etapa de voluntaria en el hostel de Valparaíso.

Y como colofón, no podía faltar un maravilloso asado argentino que, en palabras de Sandra, estaba insuperable. El autor de esta obra de arte estuvo cocinando más de dos horas, según nos comentó. “No tengo palabras para describirlo”, explicó mi hija, quien quiso dejar claro que estaba “demasiado ocupada comiendo como para ponerme a hacer fotos”.

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La primavera iba avanzando y las jacarandas mostraban todo su esplendor

El primer contacto que tuvo Sandra con el segundo país latinoamericano que iba a visitar, en este caso Córdoba, fue corto pero interesante. Esta ciudad, de gran ambiente universitario, está marcada por su pasado lejano y reciente. En cualquier caso, el objetivo principal de esta etapa era reencontrarse con amigos, que no es poco. Después, volar durante una hora, más o menos, los 700 kilómetros que separan Córdoba de la capital del país, Buenos Aires, pero esa es otra historia.

Fotos: Sandra Romero

 

Decir adiós a Valparaíso no es fácil

 

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Uno de los impresionantes atardeceres en la ciudad porteña

No he estado allí, pero después de poco más de un mes de ver tantas y tantas imágenes de la ciudad y de ir descubriéndola a través de los ojos y de las sensaciones de mi hija Sandra, puedo decir que me gusta Valparaíso. Sus colores y sus callejuelas han ido dejando marca en mí. En fin, ya queda poco para decir adiós a esta ciudad porteña tan llena de historia y de vivencias que, según pienso, mi hija siempre llevará en su corazón.

Son muchas las fotografías, pero ahora me viene a la memoria una en la que, en la lejanía, aparecen sobre una vieja estructura de hormigón, que era un antiguo muelle portuario, un pequeño grupo de lobos marinos (también denominados leones marinos sudamericanos). Su presencia es siempre un foco de atracción. Como lo son sus movimientos simpáticos y juguetones. Ese día no hacía mucho calor, pero ya se dejaba notar el avance de la primavera chilena.  Es habitual ver grupos de lobos marinos encaramados sobre salientes rocosos, en tierra firme o, como en este caso, frente al puerto. 

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Lobos marinos descansando sobre un viejo muelle portuario

Allí descansan de sus juegos o de la búsqueda de alimentos. Pocas veces se alejan hacia aguas profundas, precisamente para conseguir cerca de la orilla crustáceos y cefalópodos, sus trofeos culinarios.

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Las huellas de antaño permanecen en la arquitectura de la ciudad
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El puerto ya no es el enclave estratégico que fue en otra época pero ha sido considerado en 2018 el mejor puerto de cruceros de Sudamérica. Es el segundo del país en contenedores

Valpo, como así la llaman los chilenos, no es ahora lo que era. La que fue en el siglo XIX una de las ciudades latinoamericanas más avanzadas, con el puerto de mayor actividad del continente, muestra hoy las huellas de cierta decadencia y abandono institucional. Así lo reconocen y lamentan sus propios vecinos. Antaño fue un importante enclave dentro de las rutas que comunicaban Europa con la costa del Pacífico a través del cabo de Hornos.

Los numerosos extranjeros que habitaban Valparaíso le dieron un aire cosmopolita dejando su marca en la arquitectura e instituciones culturales. Pero a principios del siglo pasado quedó la ciudad destruida por un incendio. A esto se une el que, con la apertura del canal de Panamá, el tráfico marítimo se resintió y supuso el inicio del decaimiento de Valpo. Con el paso del tiempo buena parte del patrimonio arquitectónico se ha ido cayendo a pedazos. Y ahí, quienes más pierden son los que no se pueden permitir el derecho de seguir viviendo en sus casas de toda la vida.

Con todo, esta ciudad Patrimonio de la Humanidad declarada por la Unesco, muestra su encanto entre su decadencia y su ambiente bohemio.

Tierra de Pablo Neruda

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Vista del océano desde la casa en la que vivió Neruda en Isla Negra

Valparaíso ha sido inspiración y refugio de artistas plásticos y escritores. Uno de los lugares más visitados en la ciudad es la casa que se mandó construir Pablo Neruda (Ricardo Neftalí Reyes), a la que llamó La Sebastiana, sin obviar unas magníficas vistas al Pacífico, en el cerro Florida.

Amo Valparaíso cuando encierras, /y cuando irradias, novia del océano /hasta más lejos de tu nimbo sordo. /Amo la luz violeta con que acudes al marinero en la noche del mar, /y entonces eres -rosa de azahares- /luminosa y desnuda, fuego y niebla

(Extracto de Canto General, Fugitivo)

El poeta chileno, sin duda, sabía buscarse excelentes enclaves para sus casas. Ahí está también ‘La Chascona’, en el barrio de Bellavista, en Santiago y no hablemos de su casa preferida, la de Isla Negra. A través de la Fundación Pablo Neruda las tres son ahora museos y sedes del legado de uno de los escritores más reconocidos a nivel mundial.

Sandra me comentó que a una hora y media de autobús desde Valparaíso se encuentra Isla Negra y allí, en un lugar privilegiado, se eleva frente al océano la casa preferida del escritor. Me dijo que era enorme y que alberga una amplia colección de mascarones de proa, caracolas y cartografía náutica, entre otras muchas cosas. El poeta, desde luego, llegó a reunir un importante patrimonio. Y allí, junto al mar, reposan sus restos y los de Matilde Urrutia.

Compañeros, enterradme en Isla Negra, /frente al mar que conozco, a cada área rugosa / de piedras y de olas que mis ojos perdidos / no volverán a ver. / Cada día un océano /me trajo niebla o puros derrumbes de turquesa, /o simple extensión, agua rectilínea, invariable /lo que pedí, el espacio que devoró mi frente/

(extracto de Canto General: Disposiciones)

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Mural que hace alusión al barco Winnipeg y a Neruda

Durante el mandato presidencial de Salvador Allende, que nació precisamente en Valparaíso, Neruda fue nombrado embajador en París. Allí estaba cuando fue reconocido con el Premio Nobel y había sido desde esa ciudad, años antes, cuando organizó el embarque de cerca de dos mil refugiados españoles en el buque Winnipeg con destino a Chile.

Carnaval de los Mil Tambores

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Las murgas salen a la calle durante los tres días del Carnaval de los Mil Tambores

El país acababa prácticamente de inaugurar la primavera y con el objetivo de darle la bienvenida las calles de Valparaíso se llenan de color y música. El Carnaval de los Mil Tambores invade la ciudad durante tres días para reclamar el derecho a la paz, la justicia y la dignidad de los pueblos del mundo y pedir la recuperación de los espacios públicos para el arte y la cultura. Las murgas suenan a ritmo de percusión.

Dunas doradas de Concón

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Ambas imágenes, tomadas en las dunas de Concón

Entre salidas y visitas, la vida en el hostel iba aportando nuevas vivencias, continuos intercambios de experiencias, más compañerismo y más amistades. Y entre los lugares a los que Sandra y su grupo de amigos no quisieron dejar de ir, incluso más de una vez, fue a las dunas de Concón,  entre la ciudad del mismo nombre y el balneario de Reñaca, al norte de Viña del Mar.  Un lugar precioso, con unos atardeceres magníficos, donde los jóvenes se reúnen para hacer sandboard, es decir tirarse y deslizarse con una tabla por sus laderas.  Es un lugar muy singular.

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En Concón, la naturaleza se abre paso entre el urbanismo costero

Las dunas se ubican sobre una terraza marina de 80 metros de altura. No están en contacto con la arena de la playa sino que están ubicadas sobre costa rocosa. Es una duna fósil, según explica la Sociedad Geológica de Chile, a cuyos textos me he dirigido para saber más de esta zona. Pero esta maravilla de la naturaleza tiene un problema y es el gran impacto urbano. Prácticamente, las dunas se encuentran ‘estranguladas’ por las colindantes altas torres de las zonas urbanas.

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Voluntariado, barbacoas, comidas en grupo, paseos, encuentros y llegó el final de una más que positiva estancia. Sin embargo, sí hubo un momento desagradable cuando una noche, de un simple tirón, le robaron el bolso a mi hija. Por suerte a ella no le pasó nada y apenas llevaba dinero. Eso sí, se quedó sin su DNI y sin su móvil. Bueno, qué se le va a hacer. Eso tuvo solución. Como era de esperar, y afortunadamente, no llevaba encima su pasaporte.

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Momentos de despedidas a las puertas del hostel

En fin, incidente aparte, ahora quedaba hacer de nuevo la mochila y afrontar  otros horizontes, nuevas etapas. Las despedidas no fueron fáciles. Sin embargo, siempre queda la esperanza de que en algún otro enclave del mapa pueda haber algún que otro reencuentro, como así ha sucedido. A veces el mundo puede ser pequeño.

Fotos: Sandra Romero

 

 

 

 

 

Valpo, laberinto en colores

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El arte no tiene fronteras y en cada esquina encuentra un lugar para hacerse visible

Mi hija Sandra me dijo que caminar por las calles de Valparaíso es como sumergirse en un laberinto multicolor. Es como pasear por un museo a cielo abierto. Su historia, su arquitectura y su diversidad cultural hicieron merecedora a la ciudad de ser denominada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2003. Alegre y colorida se alza, presumida, a modo de anfiteatro asomado hacia el mar.

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Uno de los numerosos murales que pintan la ciudad junto a uno de los funiculares
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Las fachadas de las casas hablan con sus vivos colores

Sus calles y encrucijadas se extienden en su mayor parte asentadas sobre una cuarentena de cerros por los que se puede ascender bien con el obligado esfuerzo de ir ganando altura poco a poco a través de cuestas, algunas casi impracticables, o sirviéndose de esos viejos funiculares que chirrían mientras van mostrando maravillosas vistas desafiantes. La ciudad se va haciendo visible entre callejuelas, placitas, escaleras, pasadizos y miradores. También casas de toda índole, algunas viejas y destartaladas, otras renovadas y lustrosas, pero siempre desafiando la gravedad.

A pesar de lo duro que debe ser subir y bajar tantas cuestas, creo que al final merece la pena adentrarse sin prisas y absorbiendo cada rincón de estas estrechas y empinadas callejuelas.

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Colores, pinturas, arte urbano en cada rincón
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Poco a poco las imágenes van surgiendo

A decir verdad, a mi hija no le entusiasma hacer deporte. No hablemos de correr, salvo alguna que otra ocasión aislada. Nos comentó un día a su padre y a mí que había salido a corretear por la ciudad. Sin embargo, nos reconoció que lo había hecho como “penitencia” por haberse puesto “morada” de empanadas. Bueno, hacer footing no haría, pero sí bastante ejercicio subiendo y bajando por las empinadas cuestas de Valparaíso.

Tengo muchísimas agujetas de subir tantas escaleras –nos dijo Sandra al poco tiempo de llegar a la ciudad–. Y por cierto, la palabra agujetas aquí, en Latinoamérica, no se usa.

Y entonces qué dicen –afirmamos al unísono pensando en su total respeto por la lengua de Cervantes y sus variantes.

Ellos dicen que tienen dolor muscular. En México, también en España –añadió–, agujeta es un cordón de zapatos.

Efectivamente, también me he enterado después de que en Cuba, Ecuador o República Dominicana se refieren, en este caso en plural, a las agujas de hacer punto. También, según la Real Academia de la Lengua Española, en Andalucía agujeta es un alfiler largo y de adorno usado para sujetar el sombrero. En fin, la riqueza del lenguaje.

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A medida en que vas subiendo la ciudad te hace partícipe de agradables sorpresas

Desorden entre murales

Pues bien, hay que subir y bajar y perderse entre sus callejuelas para respirar el ambiente bohemio de la ciudad. El desorden es patente entre la paleta de colores extendida por la fachadas que en muchos casos comparten espacio con la huella dejada por los graffiteros locales y los llegados de todos los rincones del mundo. Es la ciudad del arte urbano, arte callejero o street art por excelencia. Hay verdaderas obras de arte, pero también hay quienes van por libre y sin control. Parece ser que algunos vecinos se han quejado en alguna ocasión y contratan a artistas graffiteros para evitar que otros, con “menos arte”, plasmen sus pinturas en sus fachadas.

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Los dibujos y el color protagonizan el mapa de la ciudad

‘Valparaíso en Colores’, tal y como leí en la publicación El Desconcierto.cl, en una información de Constanza Cabrera, comenzó cuando el director del proyecto, Horacio Silva, junto al graffitero y muralista Inti Castro y con la colaboración de otros 40 pintores, pusieron en marcha una iniciativa denominada ‘La ruta del graffiti porteño’, cuya finalidad era crear grandes murales de calidad frente a los miradores de la ciudad. El objetivo era más bien turístico. Sin embargo esta idea dio un giro social para poder llevar el arte a los barrios a partir de 2010.

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Las imágenes del mural de la izquierda son de La Robot de Madera y de Inti y están en la subida Cuming
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Los versos se compaginan con esta subida en cerro Concepción

Inti es uno de los muralistas más reconocidos en la actualidad. Entre las fotografías que me pasó mi hija está la de un mural en el que participaron, además de Inti, La robot de madera y Chaquipunk’, ubicado en la subida Cumming de la ciudad porteña. También la que en pleno cerro Concepción, muestra una angosta escalera que, peldaño a peldaño, acoge los versos de la canción Latinoamérica, del grupo puertoriqueño ‘Calle 13’:

Tu no puedes comprar el viento /tu no puedes comprar el sol /tu no puedes comprar la lluvia /tu no puedes comprar el calor /tu no puedes comprar las nubes /tu no puedes comprar los colores /tu no puedes comprar mi alegría /tu no puedes comprar mis colores.           https://www.youtube.com/watch?v=DkFJE8ZdeG8

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La música está presente en el pasaje Beethoven

Escaleras hay para todos los gustos. Y entre ellas quiero destacar la de la imagen de un teclado de piano. Me encanta y se encuentra en el cerro Concepción, en el pasaje Beethoven. Es una de las más famosas, según dicen. Su autor es @chinoatonal, quien precisamente es músico. Estas y otras  escaleras permiten ir atajando y ganando los incontables desniveles sobre los que la ciudad está asentada. Es tal la proliferación de imágenes y tan buenas que es imposible destacar unas de otras. 

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Una de las obras de la muralista Anis

Entre las mujeres graffiteras, sí nombrar como ejemplo a Anis. Destaca en su trabajo la imagen de la mujer. Es de Santiago, pero vive actualmente en Valparaíso. Trabaja en la calle y considera, tal y como dijo hace un tiempo, que “la pintura urbana le pertenece a la ciudad, le regala un espacio en el tiempo”. Uno de los murales más fotografiados en Valpo, como le dicen los chilenos a Valparaíso, es el ejecutado por Art + Belive en la escalera Templeman, ubicada entre los cerros Alegre y Concepción. ‘We are not hippies. We are happies’ lleva por lema que, según sus autores, resume el sentir del pueblo chileno actual, libre de la dictadura. Este mural fue destruido pero luego recuperado con la colaboración vecinal.

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Uno de los murales más buscados en Valpo

Así, entre murales, cuestas, escaleras, hostels, amigos, encuentros, tertulias, paseos, bares… fueron pasando los días en esta mágica ciudad que aún tendría mucho más que ofrecer.  

Fotos: Sandra Romero

Valparaíso, ciudad que cautiva

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La ciudad se asoma al mar invitando a ser descubierta
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Valparaíso es la ciudad de las cuestas y los murales

Colores, murales, cuestas, funiculares, jóvenes, son las palabras que me vienen a la mente cuando pienso en Valparaíso, ciudad edificada sobre cerros que se asoman a lo largo de la costa del Pacífico. Esta ciudad, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, cautivó a mi hija Sandra nada más llegar. Su entusiasmo, que sin duda me traspasó, lo pude corroborar viendo las numerosas fotografías que realizó durante el mes que estuvo viviendo en la ciudad, muy cercana a Viña del Mar.

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Fachada del hostel donde Sandra fue voluntaria

Su intención era trabajar como voluntaria en un hostel a cambio de alojamiento y desayuno. Una práctica bastante extendida entre jóvenes que viajan por el mundo.  Previamente ya había contactado con la dirección y allí se quedó, dispuesta a convivir con otros jóvenes de distintas nacionalidades que compartían como ella los quehaceres de atención a otros viajeros mochileros que allí pernoctaban. El establecimiento era un ir y venir de gente de todas partes.

Nada más llegar a Valparaíso, precisamente un día antes de su cumpleaños, se apuntó a uno de tantos free tour que te enseñan la ciudad, en el que además había comida y bebida gratis, en este caso por estar alojada en el hostel.

Laberinto de cuestas imposibles

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Los colores envuelven las fachadas de esta ciudad portuaria

Fue un amor a la ciudad a primera vista. Sandra sucumbió ante un laberinto de calles estrechas, muchas de ellas sin salida, otras enlazadas gracias a escaleras de vértigo, que van diseñando los más de cuarenta cerros sobre los que se asienta: Concepción, Alegre, Bellavista, con solo tres ejemplos. Siendo una de las ciudades más antiguas de Chile, Valparaíso está asentada en función de su difícil y loca topografía mostrándose seductora sobre un anfiteatro natural asomado al océano.

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Imagen general de Valparaíso desde uno de los cerros

Fue un día estupendo, tal y como comentó, que terminó con la celebración de su cumpleaños junto a varios jóvenes que había conocido ese día y que serían sus compañeros durante el mes que estaría en la ciudad. En esta ocasión, su aniversario en vez de anunciar el otoño, como siempre, abría las puertas a una primavera intensa.

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Uno de los muchos cafés que se ubican en el entorno del puerto
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Valparaíso convive con la cultura callejera

Valparaíso o Valpo, como la llaman los chilenos, es acogedora y así lo sintió Sandra nada más llegar. Sus calles rezuman historia y cultura y presumen de su belleza arquitectónica, mezcla de lo local y lo europeo. Es una ciudad bohemia y como tal invita a la relajación pero a la vez a sucumbir para quedar exhausto ante tanta belleza.

Encuentro de experiencias

Dos días después de su llegada, a primera hora de la mañana, le tocaría hacer su primer turno en la recepción del hostel. Bueno, la experiencia no estuvo nada mal, según explicó. Lo más interesante de todo era que esta pequeña aportación de trabajo le iba a servir durante los días que permaneció en el establecimiento hostelero para conocer a numerosos jóvenes que como ella decidieron un día hacer la mochila y viajar por el mundo con la mente abierta y con enormes ganas de compartir experiencias. Entre ellos, sus compañeros de voluntariado con los que conectó perfectamente desde el primer momento.

Una de las primeras cosas que le comentaron nada más llegar a Valparaíso, ubicada a cerca de 120 kilómetros de Santiago de Chile, es que una vez que te atrapa, cuesta abandonarla. “A la ciudad la llaman Valpo sin salida”, nos explicó a su padre y a mí. Por algo será.

Fotos: Sandra Romero

Viña del Mar, primer contacto con el Pacífico

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Dos imágenes de la costa pacífica de Viña del Mar

Viña del Mar es la ciudad chilena turística por excelencia. Hoteles, apartamentos, casas de gran altura que se recortan sobre un inmenso mar de horizonte infinito. Ahora es aún invierno y se nota en las bajas temperaturas especialmente nocturnas, aunque algo más suaves que en Santiago. Sin embargo, en las horas más cálidas se puede llegar a los 22 grados como es el caso. Es conocida como ‘Ciudad Jardín’ por la gran cantidad de jardines y parques que le dan el frescor y la inundan de verde. Viña del Mar cuenta con un interesante patrimonio arquitectónico, quintas y palacios como el de Cerro Castillo, residencia presidencial.

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Moai procedente de Pascua

Para quienes no quieren o no pueden viajar a la Isla de Pascua, que se encuentra a algo más de tres mil kilómetros de la costa chilena, el viajero se puede conformar con visitar el Museo Fonck, que es como se conoce al Museo de Arqueología e Historia. En el jardín de acceso, se puede disfrutar de la visión de un moai traído directamente desde la isla. Precisamente este año se cumplen los 130 años de la anexión de Rapa Nui a Chile.

Ya en Viña del Mar pudimos hacer skype por primera vez. Una imagen siempre vale más que mil palabras y por lo que veíamos al otro lado de la pantalla, los ojos de Sandra y su conversación reflejaban tranquilidad, alegría, buenas vibraciones. Antes, por whatsapp, nos había comentado que esa mañana —era 18 de septiembre y Día Nacional— le había despertado un pequeño temblor. Había sido, según explicó, un pequeño movimiento sísmico que había durado tan solo unos diez segundos.

Los chilenos están acostumbrados a convivir con ello. En este país, al parecer el más sísmico del mundo, disponer de normas de construcción muy exigentes y que la mayoría de los movimientos se produzcan a bastantes kilómetros de profundidad y fuera de costa, hace que las consecuencias se aminoren. También que la ciudadanía esté acostumbrada.

Día Nacional de Chile

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Dos imágenes de la celebración de la fiesta nacional en las tradicionales ‘fondas’ en Viña del Mar

Aunque a veces se dice que el día 18 de septiembre es el de independencia del país, se trata de la celebración de las Fiestas Patrias, es el Día Nacional de Chile, y se conmemora que ese día, en 1810, se estableció la primera Junta Nacional de Gobierno, que fue lo que derivó en la firma de la declaración de independencia el 12 de febrero de 1818. Durante tres días, la fiesta sale a las calles y la gente se reúne para celebrarlo.

Son las llamadas “fondas”, con pistas de baile y casetas con comida y bebidas. Las familias y amigos se reúnen en torno al tradicional asado chileno, con anticuchos (pinchitos de carne) y empanadas. A mi hija le encanta la carne y, por supuesto, me la imagino disfrutando de esas “delicias” hechas a la brasa en Viña del Mar. Ese día compartió mesa tradicional con sus amigas Berni y Francesca.

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Una de tantas maravillosas puestas de sol en Viña del Mar

Terminada ya su estancia en Viña del Mar y su primera etapa en Chile, Sandra se iba a trasladar entonces a escasos kilómetros de allí, a la ciudad de Valparaíso, capital de la provincia. Allí iba a experimentar nuevas sensaciones inolvidables. Esa “hermosa ciudad costera”, llena de luz y colores, la atrapó.

Fotos: Sandra Romero